Hasta hace poco, el software era un producto conocido, que se vendía en
las tiendas en cajas envueltas en plástico transparente y, para comprarlo, sólo
tenía que dar su número de tarjeta de crédito o unos cuantos billetes.
Ahora predominan las "apps" o
aplicaciones: programas elegantes y discretos de software que residen en línea
o en su teléfono inteligente. Para "comprar" una aplicación, basta
con hacer clic en un botón. A veces cuestan unos dólares, pero suelen ser
gratis, al menos en términos monetarios. Sin embargo, a menudo se paga de otra
manera. Las aplicaciones son puertas de acceso y cuando uno las compra es muy
probable que esté proveyendo a sus desarrolladores uno de los commodities más
cotizados en la economía actual: sus datos personales.
Algunas de las aplicaciones más
populares en Facebook, es decir los juegos, concursos y servicios para
compartir contenido que definen la red social y le conceden gran parte de su
atractivo, están recopilando cantidades copiosas de información personal.
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